Cada escultura se construye a partir de capas de acrílico cuidadosamente termoformadas.
El calor, la presión y la observación guían el proceso hasta que la pieza alcanza su equilibrio natural.
Es un diálogo entre lo racional y lo sensorial: técnica, paciencia y silencio.
El resultado es una obra que no solo ocupa espacio, sino que lo transforma.
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